viernes, 26 de noviembre de 2010

Análisis de mi Social Sant Martí 2010

Este año 2010 es un año de plata: segundo en el Social Colón y en el Social Sant Martí. Hasta quedé segundo en el por equipos... La diferencia es que en el Social Colón jugué bastante impreciso y, en el fondo, Jordi Sabater -que finalmente fue nombrado 3º por desempate- merecía más esa segunda plaza. En cambio, creo que jugué bastante bien en el Social Sant Martí. Entonces, ¿por qué no gané el torneo? Muy sencillo, porque hay otras personas que también hicieron un gran torneo (!).
Relataré ahora qué pensamientos cruzaron mi mente durante la competición así que disculpadme si juzgo en comentarios a otra personas. Solamente trato de ser transparente. Objetivamente, me perjudica contar mis "secretos" para futuros torneos, pero creo que puede resultar interesante ver el torneo desde el punto de vista de otro jugador.
A priori, los que más me preocupaban eran Fernando Poyato y Beto Moreno, que me habían ganado en 2009 y 2008 respectivamente. Ambos suelen ser difíciles para mi y eso que juegan estilos muy diferentes. El primero se cierra a cal y canto con mucha eficacia y el segundo, todo lo contrario. Había otros jugadores con clase a tener en cuenta pero, por partidas precedentes, no me quitaban el sueño. Me esperaban duelos igualados con Rojas o Sabater... Como cada año, vamos. El caso de Gregorio Santamaría era distinto. Le imaginaba algo oxidado pero ignoraba cuál era su fuerza actual de juego y me ganó hace muchos años, cuando yo era un pimpollo... No sabía qué esperar de él.
En la primera ronda improvisé la apertura con Andrés Hinarejos. No quise jugar 1.f4 con blancas porque también estaba participando Gregorio y no quise mostrar mis cartas a un futurible adversario. La decisión fue astuta pero, jugando una posición nueva para mi, cometí un error y Andrés me ganó con maña una calidad por peón. Me esperaba una larga y tediosa partida con aspecto de tablas pero Andrés me devolvió en breve el favor y se dejó la calidad. Al quedar con peón de más, el final resultante fue sencillo de materializar. Un susto que me sirvió de lección: todos los encuentros son importantes.
En la ronda 2, Jordi Torres jugó con agresividad pero retrasó su enroque y supe castigar ese detalle y llevarme el punto en pocas jugadas. Luego, Jordi Torres me dijo que una jugada mía (un Dd5) era sospechosa pero no lo investigué. De hecho hace ya un par de años que no repaso las partidas con el fritz. Desidia, ya lo sé... Entretanto, Gregorio abandonaba el torneo y comencé a ver que el camino se despejaba.
En la ronda 3, me tocó Josep Gómez, un jugador bastante táctico pero que ya había batido hace un par de años. Con blancas, jugué un Stonewall y gané el punto por la vía rápida, entregando torre. La partida fue bastante bonita y debió impresionar a Gómez porque luego, en el Social, él mismo la jugó contra Beto, aunque sin fortuna.
En la ronda 4, se repitió la misma historia pero con Joaquim Pujal. Otro Stonewall -con negras- que rematé por la vía rápida. En este punto del torneo estaba muy contento porque veía que los demás o dejaban escapar puntos o ganaban sus encuentros con mucha más dificultad.
La quinta ronda me emparejó con Sabater y lo que tenía que ser la partida más importante del torneo se convirtió en un regalo. Un error de Jordi me daba el punto sin tener que sudar la camiseta. Hasta el momento, había jugado bien y encima tenía la suerte de cara.
Contaba yo con que Beto dejaría el torneo en esta ronda porque así se dijo al comenzar el torneo pero todo comenzó a torcerse a partir de este punto. Me comentó Beto en plena ronda 5 que si él ganaba su partida, haría un esfuerzo y jugaría contra mi. Esto significaba que yo tendría partida dura -con negras- y que mi bucholz y/o sonnen se vería recortado sin remedio alguno ya que él no sumaría. Además se daba otra situación muy extraña. Un servidor sacaba 1,5 puntos de ventaja a todos los demás, salvo a Beto, que no disputaría dos rondas. El problema era que, si ganaba Beto, se ponía líder y dejaba el torneo sin que sus perseguidores tuviéramos la oportunidad de remontarle en igualdad de condiciones. Es como si el social terminara en la ronda 6. Todo esto era una cuestión más psicológica que real ya que, en el fondo, si un jugador se retira te lo pone más fácil...
La partida fue la típica de Beto. Él suele demorar su enroque para buscar una partida de enroques opuestos y situar sus piezas agresivamente. Jugué simétrico, tal como yo había planeado de antemano, pero Beto logró complicar la posición y me contagié. En un determinado momento, no gané una calidad en una posición muy aguda y Beto aprovechó para montar un ataque letal. De haber comido la calidad, su ataque terminaba en tablas pero...
La retirada de Beto con medio punto más que yo me arrebató en cierto modo el torneo. Objetivamente, seguía por delante del resto pero el espíritu de Beto planeaba en la clasificación sin que yo pudiera avanzarle en igualdad de condiciones. Nadie recordaría que le quedaban dos partidas duras con negras sino que Beto lo dejó yendo líder...
Con el torneo reseteado, las adversidades se acumularon en mi contra. El sorteo me emparejó con Rojas mientras Jordi Sabater tenía un duelo más sencillo con Antonio Pérez, sorprendentemente aupado en la zona alta de la clasificación. Para colmo Pujal perdía por incomparecencia y lastraba mi bucholz.
Suponía que Jordi ganaría y sabía que la partida con Rojas sería dura pero no pensé que tanto. Andrés se autoapuró de tiempo y quedó con cinco minutos de reloj pero caballo suyo contra alfil malo mío y damas en el tablero. Yo tenía una hora de reloj. Pensé que ganaría pero creo que no coloqué bien las torres y Andrés se defendió tenazmente sin que su reloj agotara nunca el tiempo. Nadie pidió las tablas en ningún momento y Andrés finalmente ganó el final, en parte, gracias a que mi rey estaba más expuesto a los jaques que el suyo.
Tras esta derrota, el torneo ya se me había escapado por completo y me lo tomé de otra manera. La segunda incomparecencia de Pujal ni me inmutó. Ya me sentía excampeón. Jordi Sabater y Andrés Rojas jugarían entre ellos la última ronda y como unas tablas, combinadas con una victoria mía en la última, me permitían atraparles y avanzarles por desempate, era de esperar que cualquiera de ellos se suicidaría en un final antes de empatar.
Jugué la octava con Javier Ríos. Él tenía también opciones de triunfo final pero dependía como yo de ciertas carambolas. Jugó agresivo contra mi francesa y logró un peón pero yo quedaba muy activo y disponía de muchos trucos. En uno de ellos le cayó una pieza y pude ganar sin mayores problemas. Luego analizamos y parecía que yo siempre tenía ataque. Ya dirá Javier si Fritz proponía algo...
Como supuse, la partida Rojas vs Sabater no terminó en tablas y Andrés quedó campeón del torneo, principalmente, gracias a sus dos victorias en las rondas finales. Es campeón por méritos propios y, para salud del torneo, no perdió con Beto y jugó con una partida de menos la cual cosa minimiza la distorsión que creó la retirada de Beto.
Por eso digo que jugué bien pero otros jugaron mejor. Beto estuvo muy fino y Andrés hizo los deberes cuando tocaba. Del torneo me quedo con mis victorias con Gómez y Pujal, muy temáticas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El dia que s'acabin els socials et tiraras per la finestra :-)

Anónimo dijo...

y porque se han de acabar los sociales? no todo el mundo trabaja de 6 a 14 u 8 a 14 para poder permitirse ir a esos opens,torneos internacionales , etc.aunque creo que todo depende de las miras que tenga cada cual. B.F.

Jordi Sabater dijo...

Com em cuides, je, je. Mercès.

Catulo dijo...

A mi un social me gusta más por el mero hecho de que se juega por el mero placer de jugarlo. Un torneo oficial se juega más bien para ganar o perder elo, dinero... aunque hay de todo, claro.