viernes, 24 de junio de 2011

Omar Jayyam y Jorge Luis Borges

Porque esta vida no es
-como probaros espero-,
mas que un difuso tablero
de complicado ajedrez.
Los cuadros blancos: los días
los cuadros negros: las noches...
Y ante el tablero, el destino
acciona allí con los hombres,
como con piezas que mueven
a su capricho sin orden...
Y uno tras otro al estuche
van de la nada sin nombre.

Este poema lo compuso un persa musulmán de los siglos XI y XII. Omar Jayyam (عمر بن إبرهيم خيام بيشابوري) fue poeta, matemático, astrónomo y quién sabe cuántas cosas más. Podéis empaparos de este polifacético y, para nosotros, poco conocido personaje aquí.

Se le atribuyen diversas frases célebres entre las que yo destacaría:

- He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno a la caja de la nada.


- No dudes de disfrutar del vino y de las mujeres, pues tarde que temprano tendras que dormir bajo la tierra, y no le cuentes esto a nadie. La Amapola marchita no vuelve a florecer.

Sin ser un experto en estas ramas de la filología, el poema y la temática de "somos peones en manos de Alá" me parecen una previa del famosísimo poema de Jorge Luis Borges sobre el ajedrez:

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

La segunda frase célebre que he seleccionado del poeta persa, que no trata el ajedrez pero me parece muy hermosa, me recuerda con su "amapola marchita que no vuelve a florecer" al Collige virgo rosas del poeta latino Ausonio. En el fondo, el tema sigue siendo el mismo. La vida es breve y hay que aprovecharla. Aunque seamos piezas en manos de la divinidad... Contradictorios mensajes -pues el primero es determinista y el segundo nos exhorta al ejercicio de nuestra libertad de acción- pero en poesía no rige la sabia razón sino el sentido corazón.

2 comentarios:

Roger dijo...

Buen artículo, Joan. Buen articulo y buenas poesías, me han gustado. El pensador persa, debía ser todo un sabio, pero un sabio "borrachín" por la manera como habla del vino. Por cierto, de quién es el ombligo de la foto del lunes pasado? Me tienes intrigado.

Sigue así, que eres un artista.

Catulo dijo...

Gracias, Roger. Tus halagos siempre son bien recibidos. En teoría el Islam y el vino no casan bien, aunque por la alusión que hace a disfrutar con las mujeres, el bueno de Omar parece más bien un epicúreo.
Del ombligo lo único que sé es que seguro que no es ni de Adán ni de Eva porque ellos nacieron sin cordón unbilical, jeje.