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viernes, 17 de mayo de 2013

Absorto, de Joan Fontanillas

La Siringa de Pan nos ofrece otro microrrelato con trasfondo ajedrecístico: Absorto. ¿Autor? Joan Fontanillas. En esta ocasión se trata de una historia muy muy breve sobrecómo trata el tiempo a los ajedrecistas.

La discusión, de Joan Fontanillas Sánchez

La Siringa de Pan nos ofrece otro microrrelato con trasfondo ajedrecístico: La discusión. ¿Autor? Joan Fontanillas. En esta ocasión se trata de una historia muy muy breve sobre infancias infelices y el ajedrez como tabla de salvación.

miércoles, 23 de enero de 2013

La profecía, de Joan Fontanillas

La Siringa de Pan publica un nuevo microrrelato sobre ajedrez, pitonisas y sucesos inexplicables. Podéis leer La profecía aquí. De Joan Fontanillas Sánchez.

miércoles, 29 de agosto de 2012

martes, 28 de agosto de 2012

Vivancos en la FNAC de Barcelona


David Vivancos prosigue con la promoción de su macabro pero entretenido "Cruentos ejemplares". Será el 21 de septiembre a las 19:30 horas en el Centro Comercial L'Illa. Una buena oportunidad para hacerse con un ejemplar y que os lo firme.
Es un libro de rápida lectura, con sentido del humor y temática variada. Muy recomendable.

El ladrón de alfiles, again

La Siringa de Pan re-edita "digitalmente" el microrrelato El ladrón de alfiles con ilustración pop-art. El corto no estuvo exento de alguna polémica sobre el final de la historia.

martes, 21 de agosto de 2012

Remordimientos "remasterizados"

La Siringa de Pan ofrece una versión "remasterizada" del relato catuliano de ajedrez Remordimientos en el que podréis observar una ilustración específica para el relato a cargo de Joan Fontanillas Tapiol  (el padre de Catulo, vamos).

lunes, 13 de agosto de 2012

Microrrelato catuliano: Impotencia

La Siringa de Pan publica otro microrrelato de tema ajedrecístico sobre las paranoias que sufren los ajedrecistas voluntariosos: Impotencia. Espero que lo disfrutéis.

jueves, 19 de julio de 2012

Vorágine vivanquiana

El santmartinense David Vivancos está logrando una incipiente notoriedad en el mundo literario a partir de la publicación de muchos de sus excelsos relatos cortos en papel y en versión digital. Recientemente ha sido entrevistado en diversos medios que podréis consultar aquí. 
A menudo se le pregunta cuándo dará el paso a narraciones más largas, como la novela. En primer lugar, no debemos desmerecer el microrrelato y el relato corto ya que son formas de expresión igual de válidas. La extensión no es sinónimo de calidad o seriedad. En segundo lugar, el relato breve permite abrir y cerrar episodios en menos tiempo cuando escribimos y este minúsculo detalle, para el escritor que trabaja en otros menesteres, es de vital importancia ya que la vida ordinaria de una persona normal requiere interrumpir demasiadas veces la larga elaboración de una novela. Por otro lado, si escribimos relatos cortos, microrrelatos o incluso poesías no demasiado largas, podemos rematarlo y pasar a otra cosa.
Decía Freud que, en una sociedad donde la frustración y la neurosis son un mal creciente, la investigación científica y la creación artística son un excelente remedio para ello. Creo firmemente en lo que dijo Freud y la literatura, sea en el formato que sea, es arte. Unos usarán su paleta con colores y otros notas musicales. El escritor se vale de palabras y frases para construir castillos en el aire y formar con ellos un mundo nuevo.
¡Sigue así, David!

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Microrrelato: En el entreacto de la Ópera de París

Bob y el barón volvían a enfrentarse en una partida de ajedrez. La última vez había vencido el barón con gran autoridad por lo que Bob decidió cambiar radicalmente su estrategia y abrió el juego avanzando el peón de torre dama tres casillas. El barón arqueó levemente una ceja, como si no esperara semejante jugada, e hizo saltar la dama por encima de sus peones hasta la casilla e6. Esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y anunció “jaque” con voz grave y solemne. Bob frunció el ceño, clavó sus codos en la mesa y, tras unos minutos de tensa espera, volvió a desplazar tres casillas su peón de torre más avanzado y lo depositó al lado de la torre adversaria, en la esquina del tablero. El barón ya esperaba semejante movimiento y, a gran velocidad, capturó el monarca enemigo con la dama. Bob no pestañeó y, agarrando nuevamente su peón de torre, lo situó en una imaginaria novena fila y cantó gol a pleno pulmón mientras se levantaba de su silla y arrojaba la camiseta al público. El barón, visiblemente irritado, tiró al suelo todas las piezas de un manotazo y, cabizbajo, comenzó a cavilar qué demonios había podido fallar.

domingo, 23 de octubre de 2011

Microrrelato: El ladrón de alfiles blancos

En el círculo ajedrecístico no estaban para bromas. Durante los últimos meses se había producido una serie de extrañas desapariciones de piezas, concretamente, de alfiles blancos. El sufrido presidente y su junta estaban convencidos de que algún graciosillo se había estado dedicando a hurtar esas piezas cuando nadie miraba, obligándoles a reponer luego el juego completo.
El asunto no solamente suponía un coste económico para el club sino que además constituía un agravio a la entidad y a todos sus respetables miembros. Por todo ello, tramaron una estratagema para atrapar al villano ladrón que los tenía en jaque.
Contrataron los servicios de un detective privado que con empeño fue equipando el local con una variada colección de cámaras ocultas. Con semejante despliegue de seguridad no tardaron en hallar al culpable. Las imágenes, sorprendentes e inesperadas, mostraban a la entrañable Dorothy, la hija del presidente, agarrando un alfil y ocultándolo suavemente entre nalga y nalga.

martes, 11 de octubre de 2011

Microrrelato: Cuento lotero del 2011


Avanzamos con sigilo por el pasillo de la sexta planta. Desde aquel desencuentro en el Social por el color de los banderines se nos había declarado non gratos y teníamos que acudir escoltados al San Martí. Bob sudaba profusamente y apretaba los labios con una extraña mueca de nerviosismo mientras nos acercábamos a la sala de juego.
Procedimos según el plan y Bob sacó su trompeta. Entró en la sala grande, repleta de ajedrecistas disputando sus partidas en un silencio sepulcral, solamente interrumpido por el tictac de los relojes. Algunos de los presentes le reconocieron de inmediato y comenzaron a alzarse de sus asientos previendo lo que iba a ocurrir. Bob respiró hondo, tomó aire y acercando la trompeta a sus labios hizo sonar aquel cuerno dorado de guerra. Se produjo un fuerte altercado y el resto de jugadores, que estaban en la sala más pequeña, salieron a ver qué ocurría. Yo abandoné mi escondrijo, tras un extintor, y aproveché la distracción general para colarme en la sala adyacente, más pequeña, que ahora estaba vacía. Rebusqué afanosamente entre los armarios, sabedor de que no disponía de mucho tiempo mientras apalizaban a Bob. Por fin hallé los talonarios. Hojeé frenéticamente su interior y pude comprobar con regocijo que se trataba de las participaciones de lotería del Sant Martí. Era el 53799 tal y como había predicho la pitonisa. Guardé los talonarios en mi bolsillo, abrí la ventana y me precipité al vacío con gran euforia. El paracaídas había funcionado.